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Opinión

   J.R. Fontana : La recuperación del ladrillo

Hace unos días se celebró en Dublín la conferencia Euroconstruct coincidiendo con la publicación de sus previsiones para el sector europeo de la construcción. Pese a tratarse de un evento dedicado a anticipar el futuro cercano, en esta edición se notó mucho el lastre del pasado, particularmente el histórico -8,8% de descenso de la producción con que acabó el 2009. Si bien 2009 ejemplifica el momento más 'horribilis' de la crisis, no hay que olvidar que Europa viene de un 2008 abiertamente recesivo para su sector construcción y que todavía le resta atravesar un 2010 muy poco halagüeño. En total, serán tres años negativos consecutivos que restituirán al sector a una cota un 15% por debajo de la alcanzada en el 2007 y que equivale, en números redondos, a una pérdida de producción de un cuarto de billón de Euros. O lo que es lo mismo, al PIB de un país como Dinamarca. Varios de los ponentes, procedentes de diferentes países y de diferentes ramas del mercado, coincidieron en calificar a este episodio como uno de esos acontecimientos que sólo suceden una vez a lo largo de una generación.
Por otra parte, se ve posible presenciar un cambio de signo en el 2011 (+1,2%) como antesala a un crecimiento algo más afianzado (+2,4%) en el 2012. Finalmente, pues, vuelve el crecimiento pero ¿puede realmente calificarse de recuperación?
Es aquí cuando la mirada parcialmente retrospectiva con la que empezábamos este escrito aporta el contexto necesario. En efecto, se prevé que el mercado europeo de la construcción haya recuperado en 2012 un 3,6% de terreno con respecto a 2010, pero ésta es una cifra meramente testimonial en comparación con el 15% perdido entre 2008 y 2010. Pese al crecimiento, aún se está lejos de volver a la normalidad: aparecerán algunos nichos de crecimiento, pero tendrán que convivir con segmentos más debilitados en donde la producción seguirá contrayéndose o se estancará.
El mercado europeo de la construcción que va a mostrarse más activo tras dejar atrás 2010 va a ser el de la vivienda de nueva planta. La crisis se ha mostrado implacable con el residencial y ahora se encuentra en unos niveles tan bajos -1,5 millones de viviendas al año en contraste con los 2,5 millones de los últimos años- que dan motivos para pensar que, en los países menos castigados por la abundancia de stocks, pueda haber motivos para crecer de nuevo. Pero esta vez, sin prisas: no mientras la demanda de vivienda continúe tan aletargada como ahora, temerosa de que se materialice antes la probable subida de intereses que la normalización de la economía y el empleo.
También la previsión para los mercados europeos de ingeniería civil contempla crecimiento, pero menos que para la vivienda. El signo es positivo sólo porque en los países del Este se espera crecer a ritmos altos (+15,7% anual de promedio para 2011-2012). Nada que ver con la previsión para el resto de países occidentales (-0,6% anual de promedio) en donde se va a sentir la desaceleración de la inversión pública en infraestructuras.
Éste va a ser precisamente el talón de Aquiles de la construcción española para los próximos años. Apuntalada por los consecutivos fondos de inversión local, la ingeniería civil había sido el único segmento de mercado capaz de aguantar el tipo mientras la construcción de edificios sufría caídas de excepcional dimensión. Ahora las medidas de recorte del gasto público hacen mella y las consecuencias no se van a hacer esperar. Si al desplome de la ingeniería civil añadimos un sector vivienda todavía saturado por la sobreproducción de los últimos años, no es extraño ver a España en el grupo de los países que aún permanecerán en zona negativa en el 2011, un grupo en el que ya solo quedan Irlanda y Portugal.
¿Y la rehabilitación? Pues no tan mal como el resto: al tratarse de un segmento en donde tienen mucho peso específico las operaciones de pequeña escala, movidas a escala doméstica, había atravesado la parte alcista del ciclo sin cometer excesos. Pero es precisamente esa base de mercado «familiar» la que ahora está sufriendo mucho con el deterioro de la economía en general y el empleo en particular.
Esperar que la rehabilitación compense la inversión que tanto el estado como la promoción privada han renunciado a hacer es abiertamente poco realista, porque en el fondo es pedirles a las economías familiares un esfuerzo añadido en un momento en que sus prioridades, comprensiblemente, son otras.

Josep Ramón Fontana; Instituto de Tecnología de la Construcción de Cataluña






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