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Opinión

   Fernando Navarrete : Libertad y mercados

esde el inicio de la crisis, el mundo económico español anda a la búsqueda de un objetivo evanescente y que parece inalcanzable con cada nueva noticia que llega sobre el paro: restaurar la confianza de los ciudadanos. El último episodio en esta búsqueda es la conocida macro-campaña publicitaria que, entre otros, promueve el Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Industria y Navegación de España con el objetivo de intentar que aumente la autoconfianza de los españoles y, quizás así, recuperar también parte del crédito internacional perdido.
El cúmulo de despropósitos y de malas decisiones que han contribuido a la espiral de expectativas deprimidas es innumerable. Pero lo más dañino para la confianza ha sido el endiosamiento de aquéllos que han querido transmitir la impostada imagen de que sus palabras y predicciones tenían el poder taumatúrgico de alterar por sí mismas el devenir de los acontecimientos.
La realidad es bien diferente, y lo que España y el mundo necesitan para restaurar la confianza no son palabras sino buenas políticas aplicadas de forma sistemática sobre la base de un diagnóstico acertado de la situación.
La confianza sólo empezará a recuperarse cuando líderes valientes abandonen los paños calientes y apliquen sistemáticamente un plan articulado y creíble de medidas concretas que permitan superar la actual situación. La devolución de la confianza pasa por la aparición de líderes honestos que no se engañen a sí mismos ni intenten engañar a los demás. Sólo así España recuperará el crédito internacional.
No podemos olvidar nunca que la calidad del marco institucional cotiza en los mercados. Y en estos momentos España atraviesa una grave crisis de confianza internacional, ya que la conjunción de paro, escaso potencial de crecimiento, endeudamiento público y privado y desequilibrio de las cuentas públicas generan un cocktail potencialmente explosivo que atemoriza a potenciales inversores. Pero, incluso para esto hay un remedio; se trata de políticas económicas que permitan dar a la sociedad más libertad y responsabilidad para labrarse un futuro en prosperidad. Y eso lo saben bien los inversores internacionales. En este punto cobran especial relevancia los estudios internacionales sobre la libertad económica en las distintas economías.
Entre los índices más prestigiosos destaca el Índice de Libertad Económica que desde hace dieciséis años elaboran The Heritage Foundation y The Wall Street Journal y que anualmente se presenta en nuestro país en su edición en español de la mano de la Fundación FAES. La evolución de España en este índice en los últimos cuatro años ha sido decepcionante: nuestro país ha descendido del puesto 27 al 36 y muestra debilidades escandalosas en áreas como la regulación laboral. En este apartado específico, España se encuentra entre las economías más intervenidas junto a, por ejemplo, Bolivia, Venezuela o Irán. Además, hay que hacer notar que España se ve en muchos aspectos beneficiada en su puntuación por su pertenencia a la UE y la eurozona. En este sentido, los avances que se han producido en indicadores parciales como la apertura al comercio internacional o la estabilidad monetaria que proporciona el euro quedan fuera de las competencias de las autoridades nacionales. Por desgracia, el deterioro en los aspectos que sí dependen de la política gubernamental han más que compensado estas fortalezas.
Los gobiernos responsables vigilan con atención la evolución de sus economías en éste y otros ranking internacionales y toman acciones correctoras para dar confianza y certidumbre a potenciales inversores. Ahí, en el ámbito de las políticas, es donde los líderes responsables deberían incidir y no en la búsqueda de conjuras y conspiradores internacionales. Otros, irresponsablemente, le echan la culpa de todos los males a los potenciales inversores que deciden invertir en lugares que les ofrecen mayor confianza ante el deterioro de la libertad económica y del marco institucional español que queda reflejado en todos los índices internacionales. Echarle la culpa de nuestra enfermedad al termómetro es irresponsable. Lo que hace falta es tomar en serio los síntomas, averiguar la enfermedad subyacente y tener el valor de adoptar las medidas correctoras necesarias, y para eso hace falta un cambio de rumbo radical en la política económica en España. España necesita más libertad económica y no cifrarlo todo a una eventual recuperación económica internacional mientras en el ínterin se acumulan un déficit y deudas insostenibles.

Fernando Navarrete es director de Economía y Políticas Públicas de FAES







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