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Opinión |
Editorial : Un buen debate
La simple mención de la reforma de las pensiones levanta sarpullidos en España desde la última gran formulación del sistema, hace ya unos cuarenta años. Aunque es probable que el Gobierno haya abierto este melón de forma intempestiva, con una propuesta pobre y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo -una forma de actuar que debería ya abandonar, en especial, cuando se trata de grandes reformas estructurales- es indiscutible que las cosas han cambiado mucho en las últimas cuatro décadas en dos de los aspectos fundamentales del sistema de pensiones: la población -que envejece a un ritmo galopante- y el propio modelo del reparto, que ha mostrado su madurez y eficiencia pero ofrece síntomas de agotamiento financiero a medio y largo plazo, justo la perspectiva con la que hay que ver este problema. Como han señalado muy diferentes instancias nacionales e internacionales de casi cualquier ideología, a España le toca, ya mismo e independientemente de que nuestra economía esté próxima a la recesión, darle una vuelta al sistema de pensiones ahora que todavía tiene margen -cada vez más escaso, eso sí- para enderezar el demostrable desequilibrio financiero, no ya de la caja de la Seguridad Social -que tiene cuerda para quizá alguna década más-, sino de todo el sistema a largo plazo. La mejor forma de reforzar el sistema es favorecer la creación de empleo, pero, puestos a reformar el sistema de pensiones, también es necesario analizar, debatir y consensuar mejoras en los múltiples aspectos que le afectan: la prolongación de la edad de jubilación -a la que ya es difícil encontrar algún oponente medianamente razonable-; el período de cómputo de las cotizaciones; los incentivos para prolongar voluntariamente el período de trabajo y otros muchos aspectos en los que debe incluirse qué papel deben jugar tanto el sector privado de la previsión como las empresas. El Pacto de Toledo, el foro señalado unánimente como el más adecuado para afrontar esta gran y compleja tarea, debe ser más agresivo que nunca, tanto en la profundidad del debate como en el ritmo y el calado de las medidas que se adopten, pensando en esos 30 o 40 años que todo sistema necesita para aflorar sus virtudes. También sería bueno ampliar el debate al Estado del Bienestar en su conjunto, incluyendo la Sanidad y la Dependencia. Pero lo que es del todo imprescindible es sensibilizar a los ciudadanos españoles, pensionistas y no pensionistas, sobre lo que se juegan, de modo que puedan tomar posición con una información suficiente y de calidad, es decir, un nivel de responsabilidad de la opinión pública que está lejos de existir.
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