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Opinión

   Rafael Escuredo : Spanish languaje is money

Corrían los años 70 cuando entre las multinacionales culturales anglosajonas empezó a circular la frase «languaje is money», en referencia al idioma español. Acto seguido lo demostraron llevando a cabo incursiones económicas exitosas en los países hispanohablantes, donde llevan décadas operando en sectores como el editorial, el audiovisual, los medios de comunicación, y más recientemente en Internet, en la moderna industria digital, los videojuegos y la creación de contenidos.

Qué duda cabe de que en las mentes de aquellos empresarios -conocedores del formidable potencial económico de las principales lenguas del mundo- estaban los más de 450 millones de hablantes de español, nada menos que la tercera lengua más hablada del planeta y la segunda en términos sociológicos. Un idioma que además se encuentra en plena expansión en las principales áreas de negocio del mundo (EEUU, Unión Europea…), y en las denominadas ‘economías emergentes’ (China, Brasil…). No en vano, según estimaciones del ICEX y el Instituto Cervantes, en la actualidad más de 14 millones de personas estudian español como segunda lengua.

El español, en efecto, es la materia prima, el activo intangible, de una gran cantidad de industrias culturales, por fortuna, muchas de ellas ahora integradas por capitales hispanos, cuya producción de bienes y servicios aporta porcentajes cada vez mayores al PIB de cada país hispanohablante. Más allá de su evidente valor como instrumento de comunicación e identidad cultural entre los pueblos, la lengua española tiene un valor económico, cuyo estudio en términos micro y macroeconómicos resulta imprescindible para conocer su verdadero peso en nuestras economías.
Siguiendo los pasos del idioma, los productos culturales en español han rebasado las fronteras geográficas y culturales de la propia zona lingüística hasta alcanzar proporciones mundiales, globales, como todo lo de ahora. Así lo indican, por ejemplo, las cifras de producción de libros, con más de 5.000 millones de euros anuales –más del 85 % de ellos correspondientes a España-, que ratifican a nuestro país como la cuarta potencia exportadora de libros y a las industrias culturales hispanas –con los sectores editorial y audiovisual a la cabeza- no sólo como importantes productoras de bienes y servicios culturales, sino como grandes generadoras de empleo y riqueza.

Ante la inexistencia de estudios sobre el valor económico del español, el Ministerio de Cultura, la Fundación Cajasol y la Fundación Biblioteca de Literatura Universal (BLU) firmaron en 2006 un acuerdo para llevar a cabo cinco congresos internacionales destinados a llenar ese vacío. Con el nombre genérico de Acta Internacional de la Lengua Española, por las tres ediciones celebradas hasta la fecha han pasado cerca de 250 expertos procedentes de distintos continentes y disciplinas.

Precisamente, en el acto inaugural de la I Acta, celebrada en San Millán de la Cogolla, cuna de la lengua española, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, afirmó: «La industria audiovisual en español es cada día más potente y los datos más recientes señalan que en torno al 15 % de nuestro Producto Interior Bruto tiene que ver con el español».
Gracias a las conclusiones extraídas por los expertos, sabemos que toda lengua vale lo que valen las economías de los países que la hablan, y que no debemos caer en la autocomplacencia por los 450 millones de hispanohablantes. La nueva revolución tecnológica y digital demuestra que la batalla de las lenguas por alcanzar cada vez mayores cotas de poder e influencia se mide en términos económicos y se libra en plataformas como Internet y los derivados de la industria audiovisual y digital.

De la importancia del valor económico del español también da cuenta el gasto privado en bienes y servicios culturales, un rubro que crece constantemente en la mayoría de los países hispanohablantes, bien es cierto que en mayor o menor medida según el país de que se trate. Este incremento ha sido espectacular en España, donde pasó de los 7.000 millones de euros del año 2000 a los más de 10.500 millones de euros de la actualidad, situando el gasto de las economías domésticas destinado al ocio y a la cultura en niveles superiores al 30% del gasto total de las familias.

Lengua y economía son, por tanto, dos conceptos que caminan de la mano. Las magnitudes monetarias demuestran que el idioma y sus industrias culturales son sectores estratégicos en los que se juega el futuro de los países hispanos. Un futuro en el que cada vez más empresarios podrán decir, en español: «la lengua española es dinero».

Rafael Escuredo es Presidente de la Fundación Biblioteca de Literatura Universal






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