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Opinión

   Francisco Álvarez Molina : El asunto Madoff

El año que viene se cumplirá el 90 aniversario del primer montaje financiero, puesto en marcha por un inmigrante italiano de apellido Ponzi: el sistema piramidal. Su principio consiste en pagar intereses, generalmente muy superiores a la media del mercado, con el dinero que ingresan nuevos clientes. Desde entonces este sistema ha sido utilizado en múltiples ocasiones y, a juzgar por lo que hasta ahora sabemos, una de las penúltimas estafas conocidas, perpetrada por Bernard L. Madoff, ha tenido como base de funcionamiento este sistema.

Escribo penúltimas porque algo me dice que todavía conoceremos otras, dado que se ha demostrado que los mecanismos de supervisión de los mercados financieros son perfectamente inútiles para detectarlas a tiempo. La Comisión Nacional del Mercado de Valores de EE.UU. (SEC) se ha jactado de haber descubierto el entuerto Madoff. Sin embargo, desde mi punto de vista, debía haber pedido disculpas, seguidas de dimisiones, por haber permitido este atraco estimado en 50.000 millones de dólares, más o menos 37.000 millones de euros.
Por otro lado, aunque también se hayan dirigido los focos hacia el alto nivel económico de los afectados, me parece evidente que la credibilidad del conjunto de servicios financieros tampoco ha salido muy bien parada de esta estafa. La confianza de los inversores en los mercados financieros, horadada profundamente por el tema de las hipotecas subprime y saqueada por la caída en picado de los fondos de inversión y de pensión, alcanza ahora niveles subterráneos al constatar que centenares de expertos han sido engañados, expertos cuya única especialidad era precisamente depositar su confianza en un señor que, habiendo sido un brillante presidente del Nasdaq, generaba con su empresa de asesoría financiera rentabilidades inusitadas.

Tengo que confesar que conocí a Madoff hace ya muchos años, y tuve con él y su equipo varias reu-niones, precisamente cuando era presidente del Nasdaq y lideraba el proyecto de automatización de la contratación que hizo de esa Bolsa una referencia mundial; el primer gran mercado electrónico-bursátil. En esos años yo me ocupaba de las relaciones internacionales de la Bolsa de París, y fui encargado de analizar lo que el Nasdaq estaba haciendo. Bernie, como a él gustaba que le llamasen, defendía con argumentos contundentes que la informática, asociada a un mercado bursátil dirigido por precios (es decir, el Nasdaq), permitía incrementar la transparencia, y lo demostraba ante lo que él llamaba «la opacidad de un mercado bursátil dirigido por órdenes» (es decir el NYSE, la Bolsa de Nueva York). Sus argumentos y herramientas tecnológicas eran tan convincentes que la SEC terminó adoptando ciertos mecanismos de supervisión del Nasdaq. Bernie fue el artífice de la modernización del Nasdaq y la persona que dio credibilidad a un mercado bursátil que tardó mucho tiempo en ser admitido entre los 'mercados bursátiles regulados'. Imagino lo que pudo ocurrir después. Su renombre, sus éxitos como líder de un mercado que había acogido a las 'pequeñas' empresas tecnológicas en las que no creía la Bolsa de Nueva York, era una excelente plataforma para dedicarse a la asesoría financiera high level. Estoy seguro de que, en su inicio, las inversiones que seleccionaba fueron verdaderos 'pelotazos' porque era un privilegiado conocedor del contexto. Pero los tiempos cambian. Imagino también lo que pudo pasar por la cabeza de Bernie cuando empezó a perder dinero. Debió considerar que, por su imagen, eso no le podía ocurrir a él, y siguió dando rentabilidades a sus clientes habituales… con el dinero que aportaban sus nuevos clientes.
No exculpo a Madoff de su delito, sólo intento explicar sus actos, insistiendo en que el organismo supervisor no ha hecho sus deberes, y que centenares de expertos se han creído que Bernie era un gurú que no se podía equivocar. A nadie le extrañaba que su empresa generase intereses estratosféricos, hasta tal punto que en los últimos meses pagaba un 1% por mes. La SEC hizo su labor de inspección en el año 2000, en 2005 y en 2007 y no detectó nada. Tuvo que ser el FBI… Sí, sí, el FBI (tengo en mi poder el documento que lo prueba) el organismo que consideró necesario iniciar una investigación sobre las curiosas rentabilidades que ofrecía la empresa de Bernie. Finalmente, habrá que creer lo que sorpresivamente declaró la semana pasada el presidente del FMI: «Las estafas financieras no se descubren porque la policía no hace su trabajo»… Vivir para ver…
No puedo terminar estas líneas sin hacer referencia al mecanismo actualmente existente con respecto a las prestaciones de jubilación. Este mecanismo consiste en pagar a los jubilados con lo que se recauda de los trabajadores activos… ¿No le hace pensar esto al señor Ponzi?

Francisco Álvarez Molina es Presidente de Ética Soluciones Financieras y vicepresidente de la Asociación Nacional de Asesores Financieros






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