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Opinión |
Xavier Muñoz : Aprendamos de China
Este año lo comencé en China participando en la reunión anual de una empresa líder en el sector de los complementos alimenticios. Durante la misma, sentí con frecuencia que si se hubiese cambiado el mandarín por el inglés y la bandera y símbolos chinos por los estadounidenses, hubiera pensado estar en EE.UU. en lugar de en China, tales fueron las similitudes mostradas.
Entre éstas, la presencia de mensajes continuos de defensa de los valores nacionales (por ejemplo, la bandera china estaba por todas partes). También la manifestación clara de su orgullo nacional (por ejemplo, en frases como «tenemos 5.000 años de historia», «todos somos una gran familia», «todos somos ciudadanos chinos»). Y el énfasis reiterativo en lo de que «todos tenemos sueños» y «debemos luchar por hacer realidad nuestros sueños», algo hoy diariamente presente en China, donde muchos millones de personas han alcanzado o esperan alcanzar en sus negocios la materialización de sus sueños.
Escuchándoles y observándoles no pude evitar el comparar estos valores y cultura china de orgullo nacional y sueños por alcanzar, con la realidad europea actual, con nuestros sentimientos de división interna, la tremenda pérdida de energía en luchar por recuperar un pasado de nacionalismos y con nuestra apatía, pérdida de ideales positivos y de capacidad interio r de lucha y de trabajar aplicadamente para hacer realidad nuestros sueños futuros.
¿Es tan difícil que en la Unión Europea (UE) nos unamos y miremos hacia delante para no perder lo mucho que fuimos capaces de alcanzar? ¿Para mantener nuestro nivel de calidad de vida, la diferenciación y sofisticación de nuestros productos y servicios, y todo aquello que durante muchos años nos dotó de unas ventajas competitivas a nivel mundial, que creíamos difíciles de superar por las nuevas economías? ¿No fueron aspectos como el de nuestra eficiencia en la planificación y ejecución de tareas los que nos permitieron poder contar con unos sistemas únicos en el mundo de sanidad y seguridad social, con muy largos períodos anuales de vacaciones y con la asunción de planteamientos nuevos de la conciliación de la vida profesional y familiar? ¿No fue todo eso lo que nos llevó a avanzar en aspectos como la protección del medio ambiente y la RSC?
Pero, ¿qué es lo que nos pasa hoy en la UE? ¿Por qué hemos dejado que una enfermedad crónica nos posea, impidiéndonos reaccionar y cambiar el antiguo modelo socio-económico por uno que nos permita a nosotros y a nuestros descendientes poder seguir disfrutando de altas cuotas de liderazgo mundial, combinadas con una muy superior calidad de vida? ¿Por qué gastamos nuestro tiempo, energía y dinero en batallas que no conducen a ninguna parte, cuales son los nacionalismos internos, la recuperación de los fantasmas nacionales del pasado y la especie de auto-obligación por solucionar los problemas democráticos y de derechos humanos de los demás? ¿Por qué hemos perdido la capacidad de generarnos sueños colectivos e individuales alcanzables y de luchar por ellos, permitiendo que la apatía y el desengaño nos invada e imaginando únicamente que alguna tercera parte –llámese el Estado- nos va a sacar de las dificultades? ¿No nos damos cuenta que ese tipo de actitudes han sido históricamente las que han abocado a la decadencia definitiva de los imperios y, con ello, a la pérdida de todo lo alcanzado por todos sus ciudadanos?
Si miramos a la generación que ha hecho posible el espectacular desarrollo de la China nos daremos cuenta que su formación de partida, sus conocimientos de la economía de mercado, sus habilidades para planificar y ejecutar planes de negocio y su experiencia son muy inferiores a los de su homóloga generación europea. Pero si esa generación ha conseguido mucho más que su homóloga europea, ¿qué no lograrán las futuras generaciones chinas infinitamente mejor equipadas?.
¿No deberíamos los europeos comenzar a prepararnos de manera muy diferente para, sin renunciar a nuestra propia entidad, poder continuar competiendo a nivel mundial antes de que sea demasiado tarde? ¿No deberíamos comenzar a mirar a China en el sentido de aprender de aquello positivo que su sociedad posee, en lugar de continuar empeñados en enseñarles, en transferirles, en democratizarles…? ¿No necesita la Unión Europea proyectarse hacia delante unida y mirar hacia China para caminar con éxito en esta nueva década del siglo XXI?
Julia Pérez-Cerezo es coordinadora en Europa de China Team, autora y conferenciante de LID
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