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   El refugio de la deuda privada... y de la pública

Miguel Ángel García Vega
MADRID.
La necesidad de financiación ha sido acuciante el año pasado para las grandes compañías. En 2010, el panorama será básicamente similar. Al menos esta es la teoría que defienden diversos analistas, como Toni Conde, de Renta 4. Hasta que se aclare el panorama, este 2009 nos ha dejado algunas pistas que, tal vez, puedan contribuir a esclarecer por dónde irán las cosas.


Telefónica volverá a reclamar su espacio de protagonismo. El ejercicio pasado la operadora emitió 8.102 millones de euros, según datos de la consultora financiera Dealogic. De hecho, fue el mayor emisor del mercado nacional y tuvo el suficiente músculo financiero para controlar una cuota de mercado del 36%. En este singular ranking, Iberdrola ocupó el segundo puesto, al manejar un volumen de 5.220 millones y captar una cuota del 23%. Y, por su parte, Gas Natural se fue al tercer puesto del pódium, con una emisión total de 4.731 millones de euros y una cuota del mercado del 21%.
Estos son los tres grandes protagonistas, a los que habría que sumar Repsol (1.387 millones de euros) y Enagas (1.146 millones), de una industria, la de las emisiones, que ha visto en 2009 triplicar sus números.
En la práctica, los bonos corporativos terminaron el año moviendo 17.490 millones de euros. Una cifra que triplica la lograda en 2008, cuando se manejaban 5.020 millones.

Además, la deuda pública también se unió a la fiesta, al gestionar operaciones por valor de 42.503 millones de euros, triplicando, también, los guarismos de 2008.
Es más, según datos del Mercado de Renta Fija (AIAF), las emisiones de bonos y obligaciones crecieron en 2009 un 514%. Las empresas necesitan fondos y si el crédito está cerrado hay que recurrir al mercado.
A este escenario de búsqueda de financiación también ha llegado el Tesoro Público, y lo ha hecho, frente a la sorpresa de muchos, con decisión y con éxito. La parte de la decisión proviene de la cantidad emitida y el éxito de la facilidad en la colocación.
A pesar de los negativos augurios de las agencias de calificación de riesgos, el coste de colocar deuda pública en los mercados continúa siendo limitado y el Gobierno de España, que tiene que hacer frente a un déficit público del 10% del PIB, es capaz de encadenar con éxito una emisión tras otra. «Lo que demuestra que los niveles de rentabilidad que se ofrecen y la seguridad que dan son ampliamente respaldados por el mercado», explica Natalia Aguirre, responsable de análisis de Renta 4.
El Tesoro colocó hace escasas semanas una emisión de 5.000 millones a 10 años entre los inversores con facilidad. De hecho, se cerró a un tipo de interés del 4,096%, básicamente la misma rentabilidad para este plazo que ofrecen otras emisiones internacionales. Y no muy lejos del 4,41% con el que se cerró la emisión anterior del mes de mayo.
De hecho, la demanda ha sido fuerte, 8.000 millones, y la colocación resultó sencilla. En cuanto a la emisión de mayo, el diferencial con el bono alemán –el que se utiliza para medir el nivel de riesgo de invertir en estos activos– aumentó en diez puntos básicos. Es verdad que estamos frente a uno de los diferenciales más altos de la eurozona, pero aun así se halla lejos de los de Grecia o Irlanda, que son los que peor acogida tienen en los mercados financieros europeos en los últimos tiempos.

Tanto es así, que esta misma semana, el diferencial de la deuda española con la alemana se ha reducido 14 puntos básicos y se sitúa en 84 puntos, lo que sitúa la prima de riesgo en un nivel razonable.
Sin embargo, hay matizaciones que no pueden obviarse. «A parte del diferencial, lo relevante es que no hablamos de algo coyuntural, el mercado piensa que hay un problema real en las finanzas públicas de la Europa periférica», reflexionaba hace poco Sara Baliña, experta de Analistas Financieros Internacionales (AFI).
Ahora bien, otra reflexión distinta es qué sucederá con las emisiones de compañías financieras. Algunos augurios conducen a la intranquilidad. La percepción del riesgo de las emisiones del Santander y del BBVA ha aumentado en las últimas semanas, como respuesta no querida al miedo a una nueva crisis financiera, y también, no hay que olvidarlo, debido al doloroso debate que ha surgido en nuestra economía acerca de si seremos la próxima Grecia. Deutsche Bank, por ejemplo, parece tenerlo claro cuando recomienda a sus clientes –como lleva haciendo desde hace días– vender deuda de España y Portugal por el riesgo implícito que conllevan sus economías.
Por ahora, la principal respuesta a este enorme problema por parte de la Administración ha sido plantear un recorte del gasto público de 50.000 millones de euros hasta 2013. Y alargar (está aún por ver si se logra) la edad de jubilación hasta los 67 años. Respuestas, dicen los expertos, muy tibias para un problema de gran trascendencia.




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